El día se ha cerrado y sellado con este
un fulgor emanante de tu ser,
tu aurora, tú dulzura,
tu ciénaga de agua que resbala tiernamente
y navega profundo por tu cuerpo;
produciendo una
envidia en la expansión crepuscular.
Tocaré la tierra, sentiré tus pasos desnudos,
en la profundidad del cielo te acompañaré...
seré un sonido invisible que hablará a las puertas
de tu corazón,
mi sueño terrestre es tener tus manos de brisa,
suaves uvas dueñas de mi redención.
Cesar Manuel Álvarez
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